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Helena Wagner
Ciencia ficción literaria en español. Programa Matria.

La Hagadá de Sarajevo, escondida dos veces

· revisado el · helena
La Hagadá de Sarajevo, escondida dos veces

Venecia, 1609. Un sacerdote llamado Giovanni Domenico Vistorini abre un libro hebreo pequeño, con las hojas manchadas de vino, y escribe en la última página, en italiano: Revisto per me. Visto por mí. Vistorini era censor de la Iglesia y buscaba en los libros judíos frases que ofendieran a Roma. Esta vez no encontró nada que quemar. Firmó y lo devolvió. De todas las personas que han salvado ese libro, él es la primera de la que sabemos el nombre, y lo salvó con tres palabras.

El libro es una hagadá, el texto que se lee en la cena de la Pascua judía, cuando se cuenta la salida de Egipto. Este tiene algo que no tienen casi ninguno de su época: páginas enteras pintadas con oro y colores, desde la creación del mundo hasta Moisés. Los especialistas lo sitúan en la Corona de Aragón, probablemente en Barcelona, hacia 1350. Alguien lo encargó y lo pagó, una familia con dinero y con ganas de que la cena de Pascua de su casa tuviera un libro así.

Lo que se llevaron en 1492

Siglo y medio después, en 1492, los judíos que no se convirtieron tuvieron que irse. Se llevaron lo que cabía: ropa, algo de dinero cuando se lo dejaban sacar, las llaves de casa, la lengua. Alguien se llevó este libro. No sé quién. Nadie lo sabe. Lo que sí se sabe es que acabó en Italia, porque allí lo firmó Vistorini, y que después, por un camino que nadie ha podido reconstruir, cruzó el Adriático y llegó a los Balcanes, donde los sefardíes siguieron hablando su castellano durante cuatro siglos más.

En 1894 un hombre de Sarajevo llamado Joseph Kohen lo vendió al Museo Nacional de Bosnia. Hacía falta dinero en casa. Es el primer dueño con nombre, y llega casi seis siglos tarde.

1942

La segunda vez que hubo que esconderlo, Sarajevo estaba ocupada y los alemanes buscaban lo que los judíos habían dejado. El bibliotecario del museo era Derviš Korkut, un musulmán bosnio que sabía varias lenguas y conocía bien lo que tenía en las estanterías. Sacó la hagadá del museo antes de que nadie la pidiera. La versión que más se repite dice que se la llevó a un amigo en la montaña de Bjelašnica y que pasó la guerra escondida en una aldea, entre gente que no sabía leer hebreo.

Ese mismo año Korkut y su mujer, Servet, metieron en su casa a una chica judía, Mira Papo, que huía de las deportaciones. La hicieron pasar por criada musulmana, con el velo puesto, y así vivió con ellos hasta que pudo marcharse. Décadas más tarde, Yad Vashem les reconoció como Justos entre las Naciones. Me interesa que el mismo hombre escondiera a la vez un libro y a una persona, y que para las dos cosas usara lo mismo: hacerlas pasar por otra cosa.

1992

La tercera vez fue el asedio. El museo estaba cerca de la línea del frente y le caían los proyectiles encima. El director, Enver Imamović, entró con unos cuantos más a sacar lo que pudieran y encontró la hagadá. Se la llevaron a la cámara acorazada del banco central de Bosnia. Durante la guerra corrió el rumor de que el Gobierno la había vendido para comprar armas, y hubo que sacarla para enseñarla y demostrar que seguía allí.

Si hago la cuenta, han salvado este libro un censor católico, un bibliotecario musulmán y un arqueólogo en plena guerra, y lo ha comprado un museo de un imperio que ya no existe. Ninguno de ellos era de la familia que lo pintó ni lo leía en la cena de Pascua.

De esa familia no queda nada: ni un apellido en el margen, ni una casa en Barcelona que se pueda señalar, ni una tumba. Lo único suyo que sigue en el libro son las manchas. En varias páginas hay gotas de vino, de alguna cena en la que alguien llenó la copa de más o la volcó con el codo mientras se leía en voz alta. Cuando restauraron el libro, las manchas se dejaron donde estaban.

La Hagadá de Sarajevo, escondida dos veces
Glorydays.amna, CC BY-SA 4.0, vía Wikimedia Commons