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Helena Wagner
Ciencia ficción literaria en español. Programa Matria.

Si copias tu mente, ¿sigues siendo tú? El barco de Teseo y un taller de Oxford

· revisado el · helena

26 de mayo de 2007, Oxford: un grupo de especialistas en neurociencia, computación y microscopía se reúne dos días para trazar cómo se copiaría un cerebro humano en un ordenador, y acuerda no tratar la única pregunta que a mí me interesa, si copias tu mente sigues siendo tú. Lo dice el informe que salió de aquel taller, firmado al año siguiente por Anders Sandberg y Nick Bostrom: se dejaron fuera, a propósito, la teoría de la mente, la identidad y la ética. Para más adelante.

Lo entiendo. Primero hay que saber si se puede. El informe dibuja niveles de detalle, desde un mapa de regiones del cerebro hasta la posición de cada molécula, y calcula para cada uno cuánta memoria haría falta. Las cifras son enormes. La pregunta que apartaron, en cambio, cabe en una línea y tiene más de dos mil años.

Si copias tu mente, ¿sigues siendo tú? El barco de Teseo

Plutarco cuenta en la vida de Teseo que los atenienses conservaron el barco de treinta remos con el que el héroe volvió de Creta. Cuando una tabla se pudría, ponían una nueva. Lo hicieron durante tanto tiempo que el barco se convirtió, dice, en un ejemplo para los filósofos: unos sostenían que seguía siendo el mismo y otros que no. Siglos después, Thomas Hobbes añadió algo que me parece mejor: un guardián va recogiendo las tablas viejas y monta con ellas otro barco. Hobbes preguntó cuál de los dos era el original.

Me interesa que la paradoja sea de madera. Los atenienses no tenían ninguna prisa por resolverla, el barco seguía en el puerto y se podía tocar.

Una tabla cada vez o todas de golpe

Con una mente pasa algo parecido, pero las tablas son neuronas, unos 86.000 millones. Hay quien imagina la copia como una sustitución lenta, una neurona cada vez, y entonces el yo pasaría de un soporte a otro como el barco de Plutarco, sin un momento exacto en que deje de ser. La otra forma es la de escanear el cerebro entero y ejecutar el resultado en una máquina. Eso se parece más al barco de Hobbes. El original sigue existiendo, o se ha destruido en el escaneo, y la copia se despierta convencida de ser la persona entera.

Derek Parfit lo planteó en 1984, en Reasons and Persons, con un teletransportador que te desintegra en la Tierra y te reconstruye en Marte con todos tus recuerdos. A Parfit, si no lo he leído mal, le importaba menos la identidad que la continuidad de recuerdos e intenciones. No sé si estoy de acuerdo con él.

Lo que se lleva uno

De momento lo que se ha conseguido copiar entero es el cerebro de una mosca: 139.255 neuronas, publicadas en Nature en octubre de 2024. Del cerebro humano hay un milímetro cúbico, que en datos ocupa 1,4 petabytes. Era tejido de la corteza temporal que hubo que retirar en una operación de epilepsia, y hoy se puede recorrer en internet célula a célula.

Pienso en ese milímetro como en las tablas que guardaba el guardián de Hobbes. Es un trozo de alguien que sigue viviendo en otra parte, sin saber que tiene medio grano de arroz de sí mismo en un servidor.